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Gâteaux

Gâteaux fue el primer gato que llegó a nuestras vidas. Fue una decisión largamente discutida y sopesada. En principio, queríamos una gatita, que se llamaría Ágata, y así lo hicimos saber a nuestros amigos y conocidos. Más pronto de que lo imagináramos, nos ofrecieron a una en adopción. Era la hija en proceso de destete de Nepal, la gata de Natalia, una amiga de un amigo.

1499467_10152146658979974_931762760_n.jpgLa familia extensa entera se reunió en nuestro apartamento de entonces para esperarla. Estábamos muy emocionados, firmamos una carta de compromiso de cuidado y atención, no parábamos de mimar a esa pequeña cosita peluda y tímida. A los tres días, en su segunda cita con el veterinario, nos informaron que era macho. La urgencia entonces era encontrarle un nombre apropiado. Barajamos muchos, y los finalistas fueron Sir Arthur y Thelonious, pero aún no estábamos seguros. Nos gustaba mucho el juego del nombre femenino con la especie, así que buscando todavía más llegamos a Gâteaux, “pasteles” en francés, que se pronuncia “Gató”.

Quienes más queríamos su llegada éramos Tomás (nuestro hijo, entonces entrando en la adolescencia) y Andrea. Sin embargo, pronto Gâteaux mostró su predilección por Diego. Desde entonces no se despega de él, lo sigue a todas partes, lo espera en la puerta cuando sale, se mete entre la pareja cuando estamos abrazados para no compartirlo… Es un gato guardián, vigila quién llega, quién sale, todo lo que pase en casa, le gruñe a los extraños cuando no le gustan mucho, tarda en hacer amigos, pero cuando decide querer a alguien (felino o humano), lo hace para siempre e incondicionalmente.

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