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El juego en la vida del gato

El juego del gato es fundamental para su buen desarrollo cognitivo, que tenga una buena constitución física y un buen estado de ánimo. Evita los problemas de conducta, lo ejercita, estimula su instinto de cazador y suple esta actividad en los gatos domésticos.

El juego es uno de los siete sistemas emocionales de los animales (incluidos los humanos), junto a la búsqueda, el miedo, la rabia, el cuidado, el dolor y el deseo. Es el sistema encargado de relajarnos y alegrarnos la vida.

El juego se da en los gatitos desde la cuarta semana de vida, cuando la madre lleva presas aún vivas para que ellos jueguen y empiecen a desarrollar sus habilidades de cazadores; también en este momento empiezan las “peleas” entre hermanitos, que generan las herramientas necesarias para la defensa y el ataque cuando sean mayores. Un par de semanas después, ya les interesa buscar objetos escondidos y jugar a sorprender a los otros gatitos.

El juego social es muy importante desde que cumplen un mes y hasta que llegan a los cuatro o cinco. La socialización empieza con los demás miembros de la misma camada, y más adelante incluye a otros gatitos de la misma colonia, refugio u hogar, e incluso otras mascotas cercanas. Con el juego social aprenden a medir su fuerza y a autocontrolarse, lo que les permitirá una convivencia adecuada con otros gatos, otros animales y humanos el resto de su vida.

Sin embargo, el juego social va perdiendo importancia en su vida después del cuarto mes. Si bien los gatos que viven juntos desde pequeños pueden mantener la costumbre del juego social, a menudo los humanos interpretamos la persecución, la lucha y las interacciones entre gatos adultos, con signos de agresión, como un juego de gatitos, cuando tiene más de enfrentamiento. Las señales para reconocer si se trata de una cosa o de otra son sencillas: en el juego los roles cambian, un perseguidor pasa a ser perseguido, el atacante para apenas la “víctima” se queja, después del juego ambos gatos comen o duermen juntos. En cambio, si siempre es un gato el que ataca al otro, si alguno o ambos echan las orejas hacia atrás, si gruñen y no se detienen pronto, se trata de una pelea real. Si se trata de un gato que matonea a algún otro animal, es muy probable que deje de hacerlo si jugamos con él de la manera apropiada, pues quedará cansado y satisfecho, y no usará a su hermanito como una presa por sustitución.

A partir de los tres meses de vida, el tipo de juego fundamental para el gato será el de caza, ya que lo que quiere un gato, de cualquier edad, de cualquier color, de cualquier raza, es cazar y matar presas. El juego es principalmente una forma de reproducir esto, lo que les da placer, libera endorfinas, sacia su instinto, los ejercita, los relaja y los hace felices.

Un gato doméstico buscará presas en su entorno para desarrollar su instinto, entretenerse y ser feliz. Si no tiene juguetes a la mano, buscará sustitutos: objetos de decoración, otros animalitos, nuestras manos o pies. Y si no encuentra cerca nada de esto, incluso su propia cola le servirá de presa. Sobra decir que si lo que ven es un insecto, un pequeño reptil, un ratoncito real o un pajarito, el juego irá más en serio, y puede que termine realmente atrapando, desgarrando y comiéndose el premio que ganó con el sudor de su juego.

El juego de caza trata de imitar toda la secuencia de esta actividad: detectar – acercarse – perseguir – agarrar – matar – desgarrar – comer. En el proceso evolutivo, los gatos, a diferencia de los perros, han conservado instintivamente toda la cadena de caza. Es un modelo hereditario, fuertemente codificado en su cerebro de predador, que desencadena toda la secuencia de comportamientos al ver una víctima potencial, genera una cadena de emociones y libera las sustancias asociadas en su organismo, tanto positivas como negativas: adrenalina, norepinefrina, dopamina y endorfinas.

Aunque la mayoría de los gatos domésticos no caza, ya que no tienen que conseguir su propia comida, pues la recibe en un plato cada día, el cazar en cercanías de su territorio todavía es uno de los elementos más importantes en su calidad de vida. Sólo que en el hogar desplaza el interés por presas vivas por el de objetos que se muevan.

Si bien hay algunos juguetes que no necesitan la ayuda de los humanos (eléctricos o de interacción sólo de los gatitos), es importante saber que gatificar el espacio no basta, debemos dedicar tiempo para jugar con ellos, pues necesitan interacción para su correcto desarrollo social. Lo ideal es jugar brevemente en varias ocasiones al día con los gatitos de menos de un año, dos sesiones de unos 10 minutos con los gatos jóvenes y adultos, y una sola con los mayores de 7 años, salvo, por supuesto, que los mismos gatitos exijan más o menos tiempo de juego. Si le juegas de manera correcta, con paciencia y dedicación, verás la mejoría en su comportamiento en unas dos semanas. Tendrás un gato más feliz, más tranquilo, más saludable.

Debemos tener cuidado de no sobreestimularlos, ya que un exceso de actividad también los puede angustiar y generar otros problemas de conducta. Es importante no excederse ni en tiempo ni en intensidad, pues la secreción de dopamina da paso a la de adrenalina y norepinefrina sin volver al equilibrio, lo que limita el bienestar y genera estrés. Esto sucede también cuando el juego no termina de manera correcta (si se termina abruptamente o si no pueden conseguir a su presa), por lo que no es recomendable jugar con punteros láser o ponerles aplicaciones en dispositivos móviles para que se entretengan. Además, las luces del láser les pueden generar daño irreparable en los ojos e incluso provocar un trastorno de comportamiento, que los lleva a perseguir luces y sombras durante años, incluso sin que usemos el puntero.

Puedes tirar una pelotita por el piso o hacia una pared, luego el gatito seguirá jugando con ella solo, aunque puede que te la traiga para que la tires otra vez (sí, muchos gatos hacen esto igual que los perros), y aun mejor, agitar una caña con plumas o cualquier juguetito amarrado a una cuerda larga, subirla, esconderla, hacer que la busque y la persiga durante unos minutos, dejar que la agarre y volvérsela a quitar, hasta que esté cansado.

Cuando termina el juego, es bueno tener un par de “premios” de alto contenido proteico (ideal un pequeño trozo de carne de pollo o pescado cruda o cocida sin ningún condimento… o un par de galletitas especiales)  para darle, de esa manera, después de haber cazado, puede sentir que se “come” su presa. Si al final del juego no consigue su presa o un premio, podría frustrarse y estresarse. Y si sucede muy a menudo, puede enfermarse o caer en depresión.

No se deben dejar todos los juguetes a su alcance. Se deben esconder y variar y, cuando estén muy destrozados, reemplazarlos por otros nuevos. A los mininos les encantan las novedades, así que vale la pena traer o crear juguetes muy distintos cada vez. Cuando permanecen mucho tiempo solos en casa, puede ser buena idea rellenar o espolvorear catnip en sus juguetes, para que el olor los invite a jugar solitos.

Es muy importante que los mininos puedan agarrar y desgarrar los juguetes. Al hacerlo, su bienestar aumenta, pues siente que es un depredador muy eficiente, lo que le genera sensación de alivio y disminución del nivel de frustración. Por eso, lo ideal es hacer los juguetes en casa con materiales reciclados o comprar juguetes muy baratos, pues su duración será corta. Entre más destrozado esté un juguete, mejor ha cumplido su cometido.

Puedes hacer juguetes muy fácilmente con rollos del papel higiénico, lana, recortes de tela, peluches, plumas, hilos y cualquier cosa que encuentres a mano. Papel periódico o envolturas de papel metalizado arrugadas son maravillosos juguetes para ellos, así como cajas y bolsas de cartón.

También les gustan todos los juguetes que impliquen un reto: laberintos, escondites, juegos de inteligencia (los más habituales sirven para esconder comida), o juguetes con texturas, que emitan ruidos y que despierten su curiosidad.

Debemos tener en cuenta que cada gato es un mundo aparte y tendrá sus propias preferencias. Algunos querrán variar siempre, a otros les gustará sólo un tipo de juguete, unos preferirán determinada hora del día para sus juegos (normalmente al comienzo de la noche), otros quieren jugar un rato cada que se despiertan… En la mayoría de los casos, es inútil tratar de cambiar sus gustos, aunque sí se puede lograr redirigirlos hacia cosas semejantes que sean mejores para ellos.

Si tu gato te muerde mientras juegas con él puede tratarse de tres cosas diferentes: es posible que tome tu mano o tu pie como presa, y por lo tanto tratará de desgarrarla (así sea dulcemente), que lo que estés haciendo sea acariciarlo —algo que prefiere en sus ratos de calma— y con el mordisco te pide mayor actividad, o por el contrario, quizá te está queriendo decir que ya basta, que no quiere jugar más contigo. En este caso, probablemente habrá dado algunas señales con anterioridad: mover la cola bruscamente, gruñir o tratar de separarse de ti. Así que está atento y para la actividad antes de que te muerda. Si se trata de la primera opción, cuando el mordisco es parte del juego mismo, lo ideal es dejar la mano totalmente quieta, decirle con tono agudo “ayayay” y cuando te haya soltado —no antes— retirar la mano muy sutilmente (si la mueves bruscamente, creerá que sigues jugando y la volverá a buscar). Enseguida debemos buscar algún juguete para desplazar su atención a él. Aunque haya sido un mordisquito muy suave, lo ideal es no permitir que esto se convierta en hábito, pues podrá aumentar la intensidad sin darse cuenta y hacerte daño más adelante. Lo ideal es jugar siempre con juguetes, nunca directamente con las manos.

Es muy importante que, cuando son pequeños, no los dejemos jugar con nuestras manos o pies, pues aunque los primeros meses es dulce y divertido, más adelante, cuando queremos que dejen de hacerlo de hacerlo, pues empieza a hacernos daño, no lo entenderá y podrá desarrollar problemas de conducta. Entre el mes y medio y los tres meses de vida, el gatito estará en su etapa más importante del aprendizaje, y es cuando entiende lo importante del autocontrol, el manejo de la fuerza y la manera de relacionarse con los demás. Así que si no le enseñamos a nuestro gatito que nuestras manos no son presas y que no está bien morder nuestro cuerpo, es probable que más grande se convierta en un gato agresivo. Por eso, desde que lo adoptemos, debemos iniciar el juego con juguetes adecuados. En especial aquellos que, una vez atrapados, el gatito pueda desgarrar y masticar. En el caso de que ya los hayamos acostumbrado mal, debemos siempre que trate de mordernos desplazar la atención de nuestras manos o pies tirándole un juguetito o moviendo su caña favorita, hasta que se acostumbre.

El juego es, en conclusión, un elemento fundamental en el desarrollo de los gatitos y tiene un gran impacto en su vida adulta. A través del juego, igual que sucede con los niños humanos, los mininos aprenden ciertas conductas importantes y específicas, que les harán la vida más sencilla en el entorno en el que vivan. En especial, el juego que imita la caza, realizado a diario, es fundamental para mejorar el estado de ánimo de nuestros peludos y reducir los comportamientos no deseados.

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